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UN CUENTO . .


Los Arqueros Suicidas.
Carlo Fabretti


Como arma, el arco tiene una importante limitación: No sirve para suicidarse.

Aunque sería más exacto decir que no es fácil poner fin con él a la propia vida, pues tampoco es imposible, como demostraron tres famosos arqueros suicidas de los tiempos heroicos.

El primero de ellos tiraba con tal precisión que cuando decidió abandonar este valle de lágrimas no tuvo más que disparar una flecha hacia el cenit.
Tan exactamente se ciñó la saeta a la vertical que, tras agotar su impulso y alcanzar el punto de máxima altura, desanduvo por obra de la gravedad el camino recorrido y fue a clavarse en la cabeza del suicida.

El segundo arquero era muy veloz. Disparó horizontalmente su última flecha y luego corrió en pos de ella, la alcanzó, la adelantó, se interpuso en su trayectoria y la acogió en su corazón.

Pero estas dos hazañas palidecen ante la del tercero.

Era tan fuerte y tenía un arma tan poderosa que, tensando su arco al máximo por primera y última vez, disparó a su lejanísimo enemigo, que era él mismo. La flecha dio la vuelta al mundo y se clavó mortalmente en su espalda

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